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Estilos para privatizar

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Economía de palabras 

Estilos de privatizar

Humberto Vacaflor Ganam

 

Jair Bolsonaro anuncia que, si es elegido presidente de Brasil, privatizará todas las empresas estatales, lo que provoca escozores entre lo brasileños que consideran a Petrobrás un símbolo, un ícono, más que el Corcovado. O Pelé.

Si se mira bien, el destino de todas las empresas estatales es la privatización, por angas o por mangas. Las privatizan los gobiernos de derecha para beneficiar a sus socios pero también, mediante un procedimiento más largo, las privatizan funcionarios de izquierda.

La Unión Soviética, dice Yegor Gaidar en su libro “State & Evolution”, se derrumbó cuando los jerarcas soviéticos desmantelaron el patrimonio empresarial de la “madre patria socialista” privatizando las empresas para ellos mismos.

Es cierto, demoraron setenta años para llegar a este desenlace, pero lo privatizaron todo. Quizá esperaron todo ese tiempo para comprobar cuáles empresas tenían futuro, y las que llegaron intactas a 1989, cuando se desmanteló el imperio, se las expropiaron. Ese fue el resultado objetivo de la revolución de octubre.

Si los jerarcas masistas tuvieran la idea de los soviéticos, de privatizar las empresas estatales para ellos mismos cuando se desmorone el “proceso de cambio”, correrían el riesgo de quedarse con burros muertos, que son peores que las gallinas muertas.

Por ejemplo, ¿quién querría comprar Bulo Bulo? ¿La planta Carlos Villegas? ¿Los teleféricos? ¿Huanuni?

Los masistas que tuvieran intenciones de copiar el estilo de los soviéticos no tendrían que esperar setenta años, es cierto, porque casi todas las empresas estatales están ahora, en ese momento, en condición de burros muertos. Y ellos no tienen tiempo para esperar: ya están con tarjeta roja.

Pero qué pasa con Brasil. Lula da Silva creó, en trece años de gobierno, cuarenta empresas estatales, todas ellas ahora técnicamente quebradas y las que no fueron privatizadas por Michel Temer están en la mira de Bolsonaro.

En los trece años, la cantidad de empleados de las empresas estatales pasó de 35.000 a 67.000. Lula creó 20.000 nuevos cargos públicos por año durante su gobierno. El déficit de las empresas estatales pasó de 1.500 millones de reales a 7.500 millones.

Temer avanzó en la privatización y concesión de 14 aeropuertos en las zonas nordeste y centro-oeste, 15 terminales portuarias y 11 lotes de líneas de transmisión eléctrica, además de importantes empresas estatales, incluida la ya anunciada el último martes: Eletrobras.

Esos son los burros muertos. Son las herencias de los gobiernos “revolucionarios”.

Vacaflor.obolog.com

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