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Espejismos y socialismo del siglo XXI

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Economía de palabras

 

La herencia de Chávez

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

No es necesario esperar mucho para saber lo que le dejará Hugo Chávez a su país cuando haya pasado a la historia.

Unos minutos antes de que se anunciara el empeoramiento del estado de salud del presidente, Caracas sufrió un apagón de tres horas. Los propios funcionarios del gobierno admiten que la crisis de la energía eléctrica no tiene una solución que haya sido prevista.

El sector productivo de alimentos apenas cubre un pequeño 35% de la demanda, con tendencia a reducirse.

Nunca antes, en toda la historia de la Venezuela saudí, se había presentado un déficit fiscal con un precio tan alto del petróleo como el que se da ahora.

El FMI anunciaba que había procedido a revisar la situación de Venezuela con sus propias cifras porque el gobierno de Chávez no envía los datos desde hace cuatro años. Un informe del organismo internacional dijo que el mismo tratamiento se aplica a Somalia, el famoso Estado fallido del cuerno del África.

Un ejecutivo del Credite Suisse dijo el lunes que la reciente devaluación del Bolívar no ha sido suficiente y que desde ese momento nadie toma decisiones en el gobierno venezolano: hay una parálisis económica.

La deuda financiera de PDVSA ha crecido de 17.000 millones a 40.000 millones de dólares en los últimos cinco años, mientras su producción y sus exportaciones siguen bajando.

Y otros detalles que no caben en esta columna.

Pero quizá no corresponda criticar solamente a Chávez por este estilo. La señora Cristina viuda de Kirchner está haciendo lo mismo desde la presidencia de Argentina.

En el informe sobre el FMI se dijo que la situación de Venezuela es parecida a la de Somalia, pero también a la de Argentina y Ecuador.

Al final, parece que esto del “socialismo del siglo XXI” era solamente un espejismo, una ilusión óptica. Parece que gobernaran estos señores y señoras, pero en realidad sólo actúan para la tribuna, viajan por todas partes para entregar, como si fueran cosas sacadas de sus propias despensas, obras que han sido financiadas con el dinero del Estado.

Como una maldición, los precios que exportan sus pobres países, unas simples materias primas, han tenido un aumento sin precedentes, lo que da a estos actores la posibilidad de gastar a manos llenas.

Y hablan mucho. Dice un diario caraqueño que el silencio de Chávez está rompiendo los tímpanos de los venezolanos.

Qué pena, los venezolanos.

Vacaflor.obolog.com

 

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