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Los elige y los castiga, qué bueno

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Economía de palabras

Un método defectuoso

Humberto Vacaflor Ganam

El método de designar malos funcionarios y luego castigarlos por corruptos o ineptos está resultando inapropiado para la defensa de los intereses del país.
El aparato de propaganda del gobierno ha logrado que todos los bolivianos aplaudamos, agradecidos, porque Santos Ramírez haya sido enviado a la cárcel por corrupto. El tema inspira los discursos del propio presidente y provoca los elogios de sus seguidores.
Con este mismo método ahora se anuncia que el gobierno iniciará un juicio a Cecilia Rocabado, ex ministra de Defensa de los Intereses del Estado, por haber descuidado la demanda planteada por la italiana ETI a raíz de la nacionalización de ENTEL.
La suerte de Guillermo Dalence, ex gerente de la Empresa Siderúrgica Mutún, ha sido igualmente definida por este método: fue designado, cometió hechos de corrupción y ahora está castigado.
El texto real de los discursos en este caso es: “Miren lo buen presidente que soy, que a los corruptos e ineptos que yo elijo para los cargos del Estado, luego yo mismo los mando a la cárcel”.
Aplausos.
En el caso de ETI, el problema se veía venir. Pero el ahora presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Arce, aseguraba y reaseguraba que todo estaba bajo control y que el Estado boliviano no pagaría ni un centavo.
Tanto empeño puso en el afán de garantizar que todo había sido hecho de manera eficiente en sus anteriores funciones, que el presidente lo promovió a cabeza de los diputados.
Este método, de veras, no es bueno. Alguien tendría que explicar al presidente que la solución no es castigar a los corruptos que él mismo elige, sino encontrar la forma para que los corruptos no sean los elegidos.
Porque, realmente, ¿qué gana el país con que Ramírez esté en la cárcel, o con los juicios a Dalence y Rocabado? Por esos tres casos el Estado está perdiendo cerca de 2.000 millones de dólares.
Todo esto sin contar el escándalo pendiente, el de Huanuni, que probablemente lleve a otros ex funcionarios a la cárcel.
Para elegir el nuevo método, el que sustituya al actual, habría que analizar todos los casos que se han presentado. Ninguno de los funcionarios elegidos primero por el presidente y luego sentenciados reunía las condiciones para los cargos a los que accedieron.
El método tendría que cambiar, antes de que alguien comience a sospechar que el pecado no es de los corruptos, sino de quien les da de comer.


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