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De economía, no idea tiene

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Recuerdos del presente

 

Acabar con las subvenciones

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

Con perversa regularidad, algún vocero del gobierno —a veces el propio presidente— hacen alusiones a la necesidad de acabar con las subvenciones a los carburantes.

Al principio, como en diciembre de 2011, cuando llegaron a aprobar un decreto aplicando lo que se llamo el “gasolinazo”, la gente se preocupaba. Y los precios subían, para jamás bajar.

Las siguientes alusiones fueron hechas ya sin decreto pero con igual tono dramático: “Esto es insostenible”, “Nadie lo puede aguantar”, “Alguien tendrá que resolverlo”.

Entonces, la gente comenzó a escucharlos como escuchar llover. Son, dice la gente, burócratas incapaces de tomar decisiones.

¿Qué quieren estos gobernantes? ¿Que la gente les ordene elevar los precios de la gasolina? ¿En bulliciosas manifestaciones con asistentes pagados, como todas ellas?

Se han difundido estudios acerca de las subvenciones. Pedro Vacaflor escribió sobre el tema en Siglo 21 y en algún diario, además de difundirlo por radio.

Las subvenciones benefician más a los ricos que a los pobres. Lo saben todos. Algunos toman decisiones, como el gobierno de Irán, pero otros se dedican sólo a asustar a la gente.

Hay una explicación para este comportamiento del gobierno boliviano. Está en su naturaleza.

Jamás tomó decisiones de política económica, que no sea la compra de acciones de empresas privadas, aunque las llama “nacionalizaciones”.

Lleva siete años sin aprobar la ley de inversiones y no se inmuta. En quipus no la están escribiendo. Pero incluso con ese lenguaje, en siete años hubiera estado acabada.

Lo mismo ocurre con el código minero, la ley de hidrocarburos.

Se ha dado prisa con la ley de bancos. Y le ha salido un retrato hablado de lo que es el gobierno: una dictadura.

Un ministro que lo único de lo que se ufana es de que los precios de las materias primas han aumentado en el mundo. Y pone la cara de habilidoso.

Si la economía de los últimos años hubiera sido resultado solamente de las políticas económicas del gobierno, esto sería un desastre. Se hubieran dado las condiciones para una guerra civil, para una insurrección. (Algunos dirigentes del gobierno lo estaban deseando).

Lo que ocurrió fue que llegaron los precios altísimos y se frustró esa posibilidad.

Entones, cuando se trata de tomar decisiones sobre el precio de los carburantes, fijado por Hugo Banzer en 2001, no saben qué hacer. Sólo saben lanzar quejas en público.

Vacaflor.obolog.com 

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