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Entre dos estilo de censura de prensa

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Mis palabras en el Foro sobre el Futuro de Bolivia organizado en la UMSA por la Asociación Boliviana de Apoyo a la Ciencia:

 

Hace pocos meses, en la presentación de un libro sobre mi trabajo como periodista durante la guerrilla del Che Guevara, una colega me preguntó por la diferencia entre la censura de prensa que aplicaban los militares en 1967 y la que existe ahora, en esta dictadura.

En el libro había descrito cómo un coronel de ejército tenía la tarea, en Camiri, de revisar los textos que los periodistas escribíamos sobre la guerrilla y pretendíamos enviar a nuestros medios y lugares de origen.

La tecnología de entonces era tan elemental que obligaba a los periodistas a utilizar los únicos sistemas de comunicación disponibles, facilmente controlados por las autoridades, en este caso militares.

La censura era un trámite fácil. Si querías que tu texto llegara a destino, tenías que someterlo a la censura. Entonces, con un lápiz rojo en la mano, el militar en cuestión anulaba palabras, frases o párrafos enteros. Lo que quedaba podía ser transmitido, al principio por el sistema morse, luego por teletipos, el último grito de la tecnología.

Comparar esa realidad con la de ahora parece un viaje por el tiempo, a la época de las cavernas o de las señales de humo. Entonces, para decirlo en una palabra, no existía Internet. Si quieren imaginar lo que era eso, les invito a cerrar los ojos y pensar cómo era la vida sin Internet. Y sobre todo la vida de un periodista.

La colega que me hizo aquella pregunta quería saber, en realidad, cuál censura de prensa prefería yo, la de los militares que combatían al Che o la censura que aplica el gobierno del autodenominado “proceso de cambio”.No me dio la opción de decir que yo preferiría la libertad, no la censura.

Debía elegir entre dos formas de censura. Yo le dije que prefería la censura de los militares, primero porque se llamaba así, directamente y de frente: censura. No había disimulos. Los periodistas no podíamos ni decir ni escribir lo que quisiéramos: debíamos esperar la aprobación de los militares.

Muy difícil la comparación, porque abarca dos épocas muy distintas. Censurar cuando los medios son fácilmente controlables y censurar cuando hay un torrente incontrolable de medios de comunicación es casi comparar dos eras geológicas.

Hay que admitir que aplicar la censura de prensa ahora, en plena revolución de la tecnología de la información, es más complicado. Si puedes enviar una noticia desde tu computadora, o una foto desde tu teléfono, sin que exista la posibilidad de controles, se supone que el trabajo de la censura es más difícil, casi imposible.

En estas condiciones creadas por la nueva tecnología, si un gobierno tiene necesidad de censurar, de controlar lo que se difunde por los medios de comunicación, debe afinar muy bien sus instrumentos, debe usar la imaginación, debe descubrir cómo se puede frenar un río de información aparentemente incontrolable. ¿Cómo frenas el movimiento de las nubes?

Para encontrar esas respuestas, el actual gobierno de Bolivia tuvo la ventaja de que podía imitar lo que hicieron gobiernos de su tendencia. El ejemplo de Cuba no le servía, porque la censura allí se aplicó antes de que se diera la revolución de la tecnología de la información. En Cuba, en realidad, no existe Internet porque no está permitido por el partido comunista. Pero estaba el caso de Venezuela, donde los medios fueron controlados en pleno reinado de Internet. Hugo Chávez mandaba expropiar desde casas hasta periódicos, canales de Tv y radios en Venezuela.

Aquí, el procedimiento fue diferente. La idea, desde el principio, fue eliminar todo foco de crítica. El método elegido resultó una combinación de actitudes ladinas, solapadas, taimadas que debían dar la impresión de que aquí no pasa nada.

Voy a ensayar una clasificación, seguramente incompleta, de los métodos de censura aplicados por este gobierno, comenzando por los medios convencionales, es decir diarios, canales de Tv y radioemisoras.

• La compra de medios fue el primer instinto, un poco torpe. Instinto de nuevo rico. Fueron comprados La Razón, ATB, PAT. A juzgar por lo que hicieron con ellos se podría decir que fue un impulso de sadismo.

• Andando por ese camino, el gobierno descubrió que para tomar leche no es necesario comprar la vaca. -Comenzó a usar armas ladinas, que son su vocación natural, su instinto. -No es necesario comprar todo el medio si lo que necesitas es controlar sólo lo que difunde. Además, si estás comprobando que eres muy mal administrador, es mejor dejar de hacer compras.

• Lo primero fue la presión, ya sea con amenazas a los intereses económicos de los propietarios, usando sobre todo el SIN como arma.

• La compra de un porcentaje de acciones fue un segundo paso. El “comprador” oficial, un abogado, llegó un día a decir a un propietario de un medio de La Paz: "ya no estamos comprando medios, pero si nos da la opción de designar al director, le podemos dar publicidad oficial para que tenga buenos ingresos."

Habían descubierto que la administración de la publicidad oficial era un arma para aplicar la censura.

• Luego llegó a la sutileza de proponer la compra de suplementos o espacios de Tv o radio, por los que el gobierno paga mucho dinero, mucho más del que cotiza el medio. Y de esa manera se gana el derecho a censurar, a alejar a columnistas o reducir sus publicaciones. El medio, agradecido, agacha la cerviz, deja hacer.

• También usa el método de la lista negra. Hay personajes políticos y periodistas cuya aparición está totalmente prohibida en los medios sometidos al sistema de censura.

• Y está el arma de la “justicia”. Se pasa por encima de la Ley de Imprenta y lleva a juicios civiles o penales a periodistas críticos. Hasta ahí llegó la capacidad del gobierno de control de los medios, de los convencionales.

• Para los medios no convencionales, para los modernos, para los ríos de información que circulan por Internet, el gobierno no tiene respuestas. Ha contratado a expertos extranjeros para hacer una “guerra” en las redes sociales. Sus aptitudes de ser ladino, solapado, taimado, deshonesto, no le sirven.

En ese ámbito, el gobierno no puede ni comprar, no alquilar, ni amenazar, ni censurar, en suma. Nosotros, los periodistas, podríamos gritar: La tecnología nos hará libres.

- Para no improvisar ni generalizar, entro ahora al estilo testimonial. Voy a hacer, como dicen los abogados con muy malo gusto, una deposición sobre lo que me tocó vivir en esta censura previa, en esta eliminación de la libertad de expresión en Bolivia en que los interesados lograron encontrar la maneras de conseguir que algunos periodistas lleguen a convertirse en sus aliados. E incluso algunas organizaciones de periodistas.

A ver. Mi salida de radio Panamericana, emisora en que yo había hecho el espacio de Análisis Económico desde 1976, con una interrupción de cinco años de mi segundo exilio, que me llevó a Londres, donde, casualmente hice en la BBC el mismo trabajo, fue producto de una acción coordinada entre el gobierno y el medio en cuestión.

El presidente Evo Morales dijo en un mensaje de fin de año de 2011 que si se hiciera un concurso de mentirosos en toda América latina, yo saldría campeón. Nunca antes un presidente me había aludido en un mensaje a la nación. Me proclamó campeón latinoamericano de la mentira. Yo no supe si sentirme orgulloso o enojado.

Pero luego, dos minutos después, en el mismo mensaje de fin de año, el presidente dijo que estaba partiendo a Venezuela, y aclaró que su gobierno no decretaría un gasolinazo. Mintió. Me arrebató, de un plumazo, el título de campeón sudamericano de la mentira. Muy poco me duró el título.

Entonces, en medio del gasolinazo, el director de radio Panamericana me llamó para decirme que los chicos de la radio estaban preocupados porque creían que por mi culpa la emisora podría ser cerrada por el gobierno y ellos perder el trabajo. Por lo que me pedía dar un paso al costado.

Es decir que los colegas de la radio, en lugar de solidarizarse conmigo, me mandaron un ultimátum. El gobierno había ganado una partida contra un periodista teniendo como aliados a los propios periodistas.

-En 2009, la Asociación de Periodistas de La Paz me proclamó premio nacional de periodismo. Pero el directorio, presidido por Ronald Grebe, decidió no entregarme el premio.

Algunos colegas, que luego cambiaron de opinión y ahora incluso son campeones en la crítica al gobierno, protestaron entonces y dijeron que cómo podía ser que le dieran un premio a alguien que es enemigo del proceso de cambio. Pero la vergüenza fue que la Asociación de Periodistas suspendió la entrega del premio ese año.

La presión del gobierno había doblegado a la institución de la que, entre paréntesis, yo había sido dos veces presidente. Los periodistas habían decidido darme un premio pero ellos mismos optaron por no entregármelo para congraciarse con el gobierno.

-Un periódico de Cochabamba me excluyó de su página de columnistas porque el Servicio de Impuestos Nacionales le impuso una multa de Bs 5 millones. Después de que sacaron mi columna, el SIN no volvió a multar a ese periódico.

-Por presiones del gobierno, el canal de TV Unitel suspendió el programa El Abogado del Diablo, el mejor espacio de análisis político creado en Bolivia. La publicidad oficial volvió a fluir después de que se dejó de transmitir ese programa.

-Católica de Tv de La Paz tuvo que echar a Gonzalo Rivera como condición para que pueda mantener la licencia y contar con alguna publicidad.

Son muchos los casos, casi innumerables. Son pruebas del sistema ladino usado por el gobierno para aplicar la censura, pero al mismo tiempo es la demostración de que no existen instituciones ni gestos de solidaridad.

A propósito de esto, hace pocos días me emocionó una película sobre el caso de los papeles del Pentágono. El diario Washington Post había publicado documentos secretos sobre la guerra de Vietnam que condenaban a los gobiernos de la época. La justicia inició una acción legal contra el periódico y lo previsible era que fueran a la cárcel la propietaria y el director.

Cuando el fallo estaba listo, todos los periódicos de Washington reprodujeron el artículo cuestionado y de esa manera, por la solidaridad de los medios y los periodistas, se salvó el Washington Post.

Me emocionó ese gesto. Fue inevitable recordar todas las veces que hubiera sido necesario un gesto de solidaridad del gremio para defender la libertad de expresión.

Eso nunca se produjo en Bolivia. El año pasado, cuando fui llevado a un juicio por el presidente Evo Morales, el único que se solidarizó y dijo que tenía pruebas para demostrar que era cierto lo que yo había dicho fue el ahora finado dirigente sindical Filemón Escobar. Nadie más.

El periodista Wilson García Mérida, director del primer periódico de América latina que se publica en el exilio, en el Acre. Fue enjuiciado por el ex ministro Juan Ramón Quintana. Desde Facebook estuvo pidiendo solidaridad a los periodistas bolivianos.

No hemos entendido que para defender la libertad de expresión y de prensa hace falta crear lo que se llama espíritu de cuerpo.

A propósito, y con menos palabras, Don Francisco de Quevedo dijo: “Perder la libertad es de bestias, dejar que nos la quiten, de cobardes”.

Aquí, quiero dar la palabra también a Bertold Brecht, quien dijo en un poema: “Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a por los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron a por mí, no había nadie más que pudiera protestar.”

• Les dije al principio que no se podía comparar la censura militar de hace 51 años y la de ahora, porque entonces el país vivía una especie de guerra, una invasión.

Me tocó, en 1982 estar trabajando en Londres cuando se dio la guerra de las Malvinas. Inglaterra estaba en guerra pero les aseguro que jamás, en ningún momento, el gobierno de ese pais censuró ningún material periodístico que se difundía desde allí sobre esa guerra. Es que en Inglaterra rige desde el año 1215 lo que se conoce como la “magna carta”, que garantiza la libertad de palabra. Y se la respeta.

Aquí, el gobierno dice que la ley de imprenta es muy vieja, porque es de 1925, y la quiere abrogar o anular con leyes que van invadiendo los ámbitos donde esa ley tiene vigencia. Y ha logrado que el periodismo boliviano sea temeroso.

¿Se han dado cuenta de que no hay informativos de Tv? Todas son revistas de misceláneas, como se llamaba antes. Lo grave es que el periodismo ha perdido la costumbre de ejercer sus funciones.

Por ejemplo, sólo uno, ¿alguien leyó o escuchó una entrevista al joven Daniel Cartagena que recibió el famoso rodillazo del señor presidente en un partido de fútbol en 2010? En otro país, en cualquiera de los vecinos, el joven se habría convertido en un personaje. Aquí no. Nadie le hizo ni siquiera una entrevista.

Hay muy pocos medios que levantan la bandera de la libertad de expresión. Todos saben cuáles son. Un homenaje para ellos.

Gracias

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Comentarios Entre dos estilo de censura de prensa

me parece acertado y correcta su apreciación. ¿quien podrá defendernos?
Ernesto Alarcon Ernesto Alarcon 07/03/2018 a las 13:26
Todos sabemos de esto, pero enfrentarse a la cruda realidad como lo describes, no solo es para sentir vergüenza de lo que hemos logrado como sociedad, sino desafiarnos a revertir esto, felizmente no somos alma khellas, duele esta porquería Humberto, no estas solo.
Miguel Angel Quintanilla Dalence Miguel Angel Quintanilla Dalence 20/03/2018 a las 00:58

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