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Discurso olvidado, por Harold Olmos

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  Un discurso ignorado Han pasado cuatro semanas desde que Humberto

  Vacaflor, uno de los columnistas más leídos de Bolivia, reiteró

  una grave denuncia sobre el peligro que corre la libertad de

  prensa en Bolivia y en los países de la corriente que cree haber

  inventado un nuevo tipo de socialismo. La amenaza es persistente

  pero sorprende que no haya merecido mayores comentarios de los

  medios nacionales. Puede decirse que el discurso pasó

  inadvertido. Vacaflor dijo que en Bolivia se intenta acallar a

  los medios mediante una táctica “ladina”. “Lo que hace el

  gobierno es pedir a algunos empresarios amigos que vayan

  comprando los medios que molestan,” dijo. En otras latitudes, la

  declaración de un reportero que acababa de recibir (si bien con

  una demora de tres años) el Premio Nacional de Periodismo, habría

  precipitado reportajes y noticias en los medios. En Bolivia nada

  ocurrió, salvo una entrevista al periodista por TV (PAT, No

  Mentirás). Esta actitud me dejó pensando sobre el medio en el que

  ahora estamos. Vacaflor se preguntó por qué a los países

  encaminados por el que se llama “Socialismo del siglo 21” no les

  agrada la libertad de prensa, como asegura una gran mayoría de

  periodistas y como lo demuestran cotidianamente los denuestos de

  autoridades hacia la prensa y los medios de comunicación. La

  respuesta surge a lo largo de su discurso: Porque libertad de

  prensa equivale a democracia y porque, históricamente, la

  democracia surgió acunada en a libertad de prensa y de expresión.

  Por deducción, los gobiernos de esos países no simpatizan con la

  libertad de prensa tal como funciona en democracia porque son

  esencialmente antidemocráticos, aunque traten de no mostrarse de

  esa manera. Sin embargo, en las acciones en las que entra el

  juego democrático, exhiben ese rasgo esencial. Es decir,

  estaríamos ante una reproducción parcial de Salazar, Franco,

  Ceasescu, Mussolini, Stalin, sin policía secreta y con

  elecciones, muchas veces discutidas, y con una justicia

  comprometida con el régimen imperante. ¿Por qué no entra esta

  ecuación el respaldo popular del que parecen gozar los regímenes

  socialistas Siglo 21? Vacaflor no abordó este punto, ni tampoco

  era parte del tema que desarrollaba. Pero es una pregunta

  pertinente. Pues en la medida en que una sociedad se desarrolla

  democráticamente, la democracia se filtra hacia los sectores

  populares a través de los medios de comunicación. Y al filtrarse

  en esos sectores, queda decretada la pena de muerte de los

  autoritarismos y de todos los “ismos” intolerantes. Es decir, la

  “nomenklatura” de estos regímenes es consciente de que mientras

  más se expanda la difusión de conocimiento entre los “sectores

  duros” que le brindan apoyo incondicional, esa incondicionalidad

  cederá a la fuerza de la racionalidad. En la ahora ex Unión

  Soviética imperó una racionalidad manifiesta y el imperio se

  disolvió sin los traumas que vaticinaban quienes querían mantener

  a toda costa al régimen herido mortalmente por la “perestroika”

  (las reformas políticas), incluso con la intervención del

  ejército rojo, como en Praga o en Budapest décadas antes.

  Vacaflor cree que el impulso que trae la internet es un desafío

  adicional que enfrentan regímenes autoritarios y sus

  simpatizantes, y por eso tampoco les agrada demasiado la libre

  circulación de mensajes entre los internautas. Es una pena que en

  Bolivia no exista una publicación exclusivamente dedicada a la

  información y al debate sobre los medios y los periodistas. Es

  una deuda que las asociaciones de periodistas tienen con la

  audiencia. http://haroldolmos.wordpress.com


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