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Destrucción de opositores

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La arrolladora masista

Una encuesta de Radio FIDES reveló la semana pasada que paceños y alteños reprueban al presidente Morales y al vicepresidente García Linera, con una calificación de 3,2 sobre 7.

Una anterior encuesta, realizada en abril, había mostrado que si las elecciones se hubieran dado en ese momento, ganaba Juan del Granado, estaba segundo Samuel Doria Medina y tercero el presidente Morales.

Desaprobación creciente: Encuestas hechas en Oruro, Potosí y Cochabamba muestran también una fuerte caída en la popularidad del presidente y la aceptación de su gobierno.

A pesar de eso, el MAS sigue avanzando en su proyecto de destituir a todas las autoridades, ya sean gobernadores o alcaldes, de la oposición.

Las encuestas revelan que el desencanto de la gente es la expresión de su desacuerdo con el estilo prepotente que tiene el gobierno.

Los sentenciados: De todos modos, el derrocamiento del gobernador de Beni, Ernesto Suárez, no tiene marcha atrás, lo mismo que el derrocamiento del gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, y de la alcaldesa de Oruro, Rocío Pimentel.

En la cuenta de las autoridades elegidas por el voto popular, pero que fueron derrocadas por el aparato masista figuran los alcaldes de Sucre y Potosí y el gobernador de Tarija.

Las pegas: El brazo masista que impulsa estas acciones no se detiene en observar encuestas: sólo quiere tener bajo su control los cargos de las administraciones que se vayan conquistando.

La idea parte de definir que la oposición podría fortalecerse al controlar esos cargos públicos. Por lo tanto, al derrocar a las autoridades se debilita a la oposición y se da de comer a los masistas.

No se trata de ser más o menos demócrata, se trata de quitar a la oposición la posibilidad de controlar empleos públicos con sus militantes. Los efectos colaterales de esta política no son de la incumbencia de este brazo del MAS.

Silbidos y abucheos: La huella que van dejando estos derrocamientos se podría medir por la cantidad de silbidos que recibe el presidente Morales en sus apariciones públicas.

Hasta ahora, los silbidos más ruidosos que recibió el presidente fueron los que escuchó en el estadio de fútbol de La Paz. Los silbidos que recibió en Oruro fueron en la calle y muy ruidosos. La semana pasada no se atrevió a participar en un desfile de desagravio a los campesinos que habían sido humillados hace tres años en Sucre, pero ni siquiera así se libró de los silbidos y abucheos. En Tarija directamente no se atreve a aparecer en lugares públicos, igual que en Santa Cruz, Beni y Potosí.

Mirando al 2014: En otro tranvía está el canciller David Choquehuanca, decidido a reemplazar a García Linera en la candidatura masista del año 2014.

El canciller tiene un equipo de apoyo con fuerte llegada en los medios de comunicación. La última campaña estuvo dirigida a criticar y lamentar la decisión del gobierno de designar a otra persona para que se haga cargo de la campaña por el reclamo marítimo. Choquehuanca y su grupo creen que esta es una conspiración de García Linera.

 

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