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LAS DERROTAS DE BOLIVIA

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Las derrotas de Bolivia

Humberto Vacaflor Ganam

El Estado boliviano tiene la costumbre de llegar tarde cuando debe proteger territorios ambicionados por potencias extranjeras, como ocurrió en la tardía defensa del Litoral y del Acre, además del Chapare.

Sin embargo, en la última de esas guerras el Estado boliviano estuvo a punto de llegar a tiempo para no perder ese territorio.

El general Alvin Anaya, comandante en jefe de las FFAA en el año 2000, cuenta que en ese momento propuso al presidente Hugo Banzer un plan atrevido, pero que, viéndolo desde el año 2015, se podría decir que hubiera sido oportuno y quizá hubiera evitado la derrota.

El plan consistía en una jugada de ajedrez de alta política. • Convertir el Palacio Quemado en un museo,

• llevar la presidencia de la República al Cuartel General de Miraflores,

• cuartel que sería, a su vez, trasladado al Colegio Militar de Irpavi, y

• llevar los colegios militares del Ejército, Fuerza Aérea y Naval al Chapare, para ocupar el hinterland de Bolivia.

Banzer se interesó en la idea pero estaba ya enfermo, además de deprimido, concluye el relato del general Anaya.

A principios de abril del año 2000, Banzer tuvo que tomar una decisión que equivalía a admitir que el Estado boliviano no estaba en condiciones de controlar el territorio nacional: levantó el Estado de Sitio que había decretado dos semanas antes. El país le quedaba muy grande al Estado boliviano. Otras derrotas complementarias se avecinaban.

El propio Banzer se había propuesto acabar con los cocales del Chapare y con el narcotráfico. Estaba, según los cálculos del propio gobierno, muy cerca de cumplir la tarea de eliminar las plantaciones ilegales. El narcotráfico se estaba quedando sin materia prima.

Este ejercicio de purificación voluntaria, de dignificación nacional, se convertiría en una autoflagelación. La economía legal mostró signos de asfixia. Los precios de las exportaciones jamás habían sido tan bajos, los jubilados protestaban porque no recibían sus pensiones, los deudores de los bancos marchaban pidiendo condonaciones y, como si faltaran problemas, los empresarios cruceños se habían quedado sin el banco español que solía financiarlos.

La economía legal se había mostrado incapaz de sostener al país. La economía ilegal se mostraba imprescindible. Era un grave caso de adicción. Había ganado la economía ilegal. El cuerpo de Bolivia era sacudido por convulsiones y calambres.

Una crisis nacida en el Asia en 1997 hacía estragos en la región y sus efectos en Bolivia eran llovido sobre mojado.

Sobre situaciones similares a esta, pero en otras latitudes, escribió la economista italiana Loretta Napoleni su libro titulado “Economía canalla”. Ella sostiene que la economía canalla está en los genes de la sociedad occidental. Se esconde en los pliegues que los Estados descuidan.

Pero irrumpe con fuerza obligando a la política, en el desenlace, a reconocer a las elites que va creando, rediseñando las instituciones en beneficio de esas elites.

Son argumentos que refuerzan la tesis de Joseph Schumpeter: “la economía es un ventarrón permanente de destrucción creativa”.

En este momento, a juzgar por el libro de Loretta Napeleoni y los de otros autores, el ventarrón permanente esté destruyendo las estructuras de los Estados.

En 1993 lo había advertido Susan Strange en su ensayo sobre el encogimiento de los Estados. Las transnacionales, dijo la autora, están reemplazando a los Estados. Aludía solamente a las transnacionales del sector legal de la economía.

Pero Claire Sterling afinaría la puntería al escribir un libro con el título de “Pax mafiosa”. Las actividades económicas ilegales estaban, según esta autora, tomando control de la situación en el mundo entero.

Desde que se perdió la guerra del Chapare, la “Pax mafiosa” abrió las puertas de Bolivia a cárteles colombianos, brasileños, mexicanos y de otros orígenes, mientras otras actividades ilegales cubren todo el territorio: contrabando de entrada y de salida, asaltos de minas y predios agrícolas tolerados por el gobierno. Y opera una Asoban sumergida que lava narcodólares a ojos vista.

Emanuel Kant plantea que el mal no es solamente la ausencia del bien: el mal es una opción.

Loretta Napoleoni dice que también se puede progresar con la economía canalla. Es decir que por la vía del mal se puede "vivir bien".

Todo esto, por supuesto, pasando por encima de la moral, la ética y la dignidad, valores que deben ser anestesiados para progresar por la vía del mal.

En una exposición ante el Club de Minería, que he tratado de resumir en estas líneas, describí la manera cómo otros países han enfrentado el desafío de la economía ilegal.

En algunos casos, como en Somalia, las organizaciones ilegales decidieron que el Estado era un estorbo y lo eliminaron en 1991.

• Otros países entregan sus gobiernos,

• algunos entregan parte de sus territorios y

• hay países que conviven con las mafias, en acuerdos no escritos pero vigentes.

El grado de entrega depende de la moral ciudadana. LP.20.5.15

 

http://www.paginasiete.bo/ideas/2015/5/24/bolivia-economia-canalla-57499.html

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