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Crisis boliviana, cosecha de errores

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Recuerdos del presente

 Cosecha de errores

 Humberto Vacaflor Ganam

 

De manera subrepticia, casi por debajo de la mesa, el gobierno acaba de aprobar dos decretos con los que quiere poner límites a los “costos recuperables” de las empresas petroleras, una ventaja que también había sido aprobada de manera subrepticia, por debajo de la mesa.

Cuando aprobó estas ventajas para las empresas “nacionalizadas”, el gobierno quería cuidar las apariencias y decidió compensarlas no sólo por los discursos contra el capitalismo, sino también como premio por un silencio cómplice, para que no revelen cuánto realmente pagan de impuestos. Lo que fuera que pagaran, con los “costos recuperables” se podían compensar, pero sin hacer ruido, sin que se entere la plebe.

Lo que ahora dice el gobierno es que aquellos costos, que el Estado tiene que devolver a las petroleras, se duplicaron, crecieron en 100%, justamente cuando el precio del petróleo bajó de los 145 dólares de hace tres años a 50 dólares el barril.

Lo que se podía esperar, dice entre líneas este anuncio del gobierno, es que si el precio del crudo bajara, bajasen también los costos, como en otros países. Pero eso no estaba establecido en el acuerdo hecho por debajo de la mesa.

Lo que esperan los bolivianos es que se informe acerca de cuántos millones de dólares fueron pagados por el Estado boliviano a las petroleras por concepto de “costos recuperables”. Esos datos fueron ocultados incluso antes de que YPFB Transportes recibiera la orden de cerrar su portal informativo.

Para frenar a las petroleras en su entusiasmo por cobrar “costos recuperables”, el gobierno quiere ahora poner límites a esa ventaja estableciendo “una banda de precios estándar”.

Las petroleras, por supuesto, han protestado aludiendo a las “seguridades jurídicas”, porque esperaban que la ventanilla de los “costos recuperables” les siguiera permitiendo aumentar sus ingresos, como había ocurrido hasta ahora.

Pero el gobierno está sugiriendo que las cosas se hagan sotto voce, con susurros. Las empresas protestan porque saben que el acuerdo en sí era algo subrepticio, algo de lo que la plebe no tenía que enterarse. Cuando el gobierno les pide arreglar las cosas con susurros, las empresas alzan la voz.

La propaganda, en lo que el gobierno ha gastado hasta ahora una fortuna, tendrá que ocuparse de tapar este tema. Hasta ahora, este método ha funcionado muy bien.

Vacaflor.obolog.com

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