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La coca como única salida

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Recuerdos del presente

Gas en liquidación

Humberto Vacaflor

Las cosas han ido muy mal para el gas natural boliviano. En este momento, aunque la producción ha bajado de 42 a 36 millones m3/d, hay un excedente que talvez se esté quemando, si no se lo está reinyectando al subsuelo.
Por lo tanto, el gobierno está lanzado a una campaña desesperada por encontrar mercados para el gas, sobre todo porque el dinero que debía generar el volumen que ahora no se vende estaba contabilizado en precisos cálculos de la Bolivia rentista.
Aquí se advierte una falta de coordinación entre las políticas de generación de ingresos y las de uso de los ingresos. Si el empeño y el entusiasmo que se pone en destinar los recursos a propósitos asistencialistas se hubiera puesto también en la generación de esos recursos, ahora no habría déficit.
Algo falla en el modelo económico que se aplica en el club países al que nos hemos incorporado. Hace pocos días, el Financial Times de Londres decía que el precio internacional del café había subido unos puntos debido a que Venezuela, que durante el siglo XX fue un exportador del grano, acaba de convertirse en importador porque su sector productivo está en crisis.
Para el caso del gas boliviano que no se vende, la actitud del gobierno tiene cariz de desesperación, pues ha llegado a mencionar la posibilidad de venderlo a Chile. Pensar en ese mercado no solamente es una paradoja para el partido de gobierno, que en 2003 hizo campaña para que ni siquiera pase por territorio chileno un gasoducto de exportación a ultramar; es también un contrasentido ahora que la política de acercamiento La Paz-Santiago está de retro.
Antes de mencionar el país tabú como mercado para el gas, el gobierno ha hecho una apurada lista de otros eventuales mercados. Volver a ofrecer a Cuiabá que, esta vez sí, juro por Dios, o por la Pachamama, el suministro será estable, seguro, garantizado, es una tarea difícil, sobre todo por la cantidad de veces que se ha demostrado lo contrario.
Pensar en que Brasil vuelva a comprar los volúmenes acordados es pensar un imposible, porque en ese país hay un excedente de 28 millones m3/d de gas.
El presidente Lula ha demostrado que puede aceptar que se le cuelgue al cuello un collar hecho de hojas de coca en el Chapare, pero no puede ofrecer que Petrobrás aumente sus compras de gas. Él puede jugar con la coca, pero no con el gas. El establishment brasileño le ha perdonado, muy a regañadientes, lo del collar de coca, pero no cedería un ápice en el tema del gas.
Los argentinos, por su parte, muestran que ellos están dispuestos a seguir recibiendo todos los años 5.000 toneladas de hojas de coca boliviana para acullicarla o destinarla a otros usos, pero de gas natural ni hablar. Quizá puedan aceptar incluso que se les cobre más por la coca, en la eventualidad de que el gobierno boliviano decida aplicar impuestos y aranceles a ese millonario rubro de exportación, pero del gas ni una palabra.
El círculo se está cerrando. No somos aptos para los negocios legales. Nos estamos especializando en actividades ilegales, non sanctas.
Por lo tanto, para colocar nuestro gas excedente quizá haya que hacer una campaña comercial que diga algo así como: “Gran oferta de temporada. Liquidación de gas natural, por cambio de rubro”.

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