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La coca y la inflación

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Recuerdos del presente

Esto no es la UDP

Humberto Vacaflor Ganam

Ha llegado la inflación, ese conocido monstruo. De nada sirve que el INE trate de ignorarlo o asignarle una talla menor: los bolivianos saben que ha llegado y que es el impuesto más perverso de todos.

Dice el ministro de economía, con excesivo optimismo, que el gobierno boliviano puede controlar el “factor externo” de la inflación. Sería bueno que lo haga saber a los gobernantes de los países vecinos, que deben estar preocupados por frenar sus procesos inflacionarios, sin saber que están resueltos.

Otra causa de la inflación es el estado lamentable en que debe desenvolverse el sector productivo. Con un presidente que ha decidido actuar como el sub-comandante de las fuerzas que van a derrotar al capitalismo mundial, nuestros capitalistas están descorazonados.

De todas las causas de la actual inflación, la más difícil de doblegar es la distorsión de ingresos y precios que provoca el narcotráfico. Si un cosechador de coca recibe un jornal de Bs 180, con pasajes, alojamiento y comida incluidos, podrá pagar en el mercado mucho más de lo que pagan los pobres albañiles que sólo ganan Bs 120.

Más adentro en la industria de la coca y sus derivados, la diferencia en los ingresos es mucho mayor. Un transportista mezclado en el negocio de la “merca” recibirá mucho más –hasta cien veces- que uno que lleva papas o cebollas. Esta diferencia en los jornales es una novedad que las estadísticas internacionales sobre la desigualdad de los ingresos en Bolivia no toman en cuenta, todavía.

La coca y sus derivados han creado una escala de ingresos que está por encima de la escala de las actividades legales. Y unas clases sociales que corresponden a cada uno de los niveles de esa escala. También está el efecto de convencimiento, de contagio o de rescate que los narcotraficantes imponen en algunas regiones.

Los campesinos de Pantipata, en Cochabamba, de pronto dejaron de protestar por el agua contaminada con precursores que dañaba sus tierras situadas río abajo. Como una explicación que pocos entendieron, la FELCN informó que en ese departamento hay ahora 29 narco-comunidades.

Por lo tanto, si no hay cosechadores que puedan trabajar para los miserables ingresos de los cultivadores de naranjas, de piñas, de papas, de yuca… es obvio que falten todos estos productos. El sector productivo boliviano está afectado por esta situación de ingresos, mientras los niveles de la demanda siguen subiendo como efecto de los ingresos que genera la “merca”.

En este momento, los consumidores bolivianos están divididos entre aquellos ingenuos que todavía creen en las actividades legales y los que se han incorporado a las actividades de moda. Entre aquellos que ganan en moneda nacional y los que están mezclados con el negocio de la “merca”.

Esta división de clases en la sociedad boliviana tiene, como dicen los aprendices de sociólogos, un efecto transversal.

La inflación actual es producto del auge que viven esos bolivianos. Los otros estamos de mirones, viendo el festín que se da la nueva clase pudiente. Y con la perspectiva de tener que sufrir las consecuencias de la ola inflacionaria que ha estallado.

Es injusto llamar UDP a este proceso; injusto para la UDP.

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