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Cayó un sicario ¿y ahora?

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Recuerdos del presente

 

Lenguajes de la mafia

 

Humberto Vacaflor Ganam

 

Mientras los bolivianos son invitados a un jueguito de ingenuidad, con aplausos de los medios de comunicación socios o ahijados, la mafia que opera en el país quedó feliz con el episodio de la muerte de Honorio Rodríguez y la captura de su presunto asesino.

El objetivo de la acreedora, una señora colombiana, según dice el ministro de Gobierno, no era cobrar la deuda del comerciante dedicado a la madera: quería mostrar que su método para castigar a los morosos no perdona.

Aquí, dice el mensaje, no hay la figura de deudor moroso, no hay refinanciación, no se puede acudir a otra fuente de crédito, ni hay ASFI que valga.

Por lo tanto, la señora colombiana eligió con cuidado el lugar donde debía ser ejecutado el condenado deudor. Una calle de Santa Cruz con cámaras callejeras capaces de captar toda la escena de la ejecución. No debía perderse un detalle. Los demás deudores debían mirar la escena y tomar la decisión de nunca jamás incumplir un pago.

No lo sabe el gobierno, o parece no saberlo, pero este sistema de créditos inmediatos, concedidos desde motocicletas que recorren las calles y los pueblos de Santa Cruz, es muy eficiente y expedito.

Es la banca sobre ruedas, como lo dije en una columna hace seis meses. En sus operaciones, es la palabra la que vale. No hay documentos. Eso sí, hay plazos fijos. Plazos de muerte, como se ha podido ver en la calle Teniente Aponte de Santa Cruz.

Pero son miles los deudores. Si estas instituciones de crédito del sistema negro tuvieran oficinas, en las puertas habrían en este momento colas muy largas de deudores ansiosos de pagar de inmediato.

Todo este sistema financiero negro maneja los excedentes del negocio del narcotráfico. El dinero que no se puede lavar comprando lo que sea, desde medios hasta ferrocarriles, o destinarlo a importaciones, es canalizado hacia esta red de crédito sobre ruedas.

Es, como queda cada vez más claro, la muestra de que estamos ante una realidad paralela, con elites insurgentes, con aparatos políticos que controlan regiones y hasta el poder, con un sistema financiero alternativo.

Festejar la captura de un sicario, en este panorama, es un juego de ingenuos. Habría que saber qué se está haciendo frente al enorme poder que controla toda esta realidad negra que se está adueñando de Bolivia.

Cayó un sicario, un mercenario; ahora, a por sus mandantes, los narcos y los productores de la coca ilegal.

Vacaflor.obolog.com  

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