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Carlos Mesa, ¿candidato?

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Profundas aguas de don Carlitos


Se dice que en política todo es posible, nada es casual y que rara vez no hay segundas oportunidades, si asumimos que Carlos Mesa está viviendo una nueva chance, no nos queda otra que concluir que la está volviendo a rifar, ratificando que el peor mal o debilidad que tiene la oposición actual en Bolivia, son ellos mismos.

Viernes 15 de Diciembre de 2017

Por: Víctor Hugo Romero
La vértebra dislocada
   

Más de un opositor saltaría de alegría, si Carlos Mesa, de una buena vez por todas, aceptara ser su candidato a la Presidencia, pero por mucho que se especula su nombre, no lo hace y como si estuviese atrapado en un verdadero naufragio es arrastrado por una marea sin puerto fijo, que antes de seducir y satisfacer a las bases que lo demandan, las defrauda, por tanto la pregunta que corresponde formularse es: ¿En qué aguas navega don Carlitos?

Responder esta pregunta es algo complicado, tanto que ni siquiera el propio actor político lo sabe, si empezamos a hacer un repaso sobre sus decisiones, veremos que como Vicepresidente de Goni fue básicamente desplazado de la cúpula de gobierno y como el propio Sánchez de Lozada lo da a entender en el documental “Our brand is crisis” (2005), se convierte en una ficha más en el tablero para distraer a las bases. La historia y sus circunstancias quisieron que Mesa sea Presidente y como tal, cayó muy pronto en la retórica y su gobierno fue perdiendo fuerza, hasta que acorralado, casi sin popularidad, por su excesiva indeterminación, renuncia. Fue tan débil su gestión, que un gobierno transitorio como el de Rodríguez Veltzé le hizo sombra.

Ahora que su perfil ha recuperado impacto, debido a que se juega sobre el tablero una contraposición de identidades y orígenes, entre Evo y él, algo así como tesis y antítesis (o viceversa), vuelve a caer en ese naufragio que a su vez ratifica la escaza habilidad política que tiene, a desmedro de su ya reconocido talento en el análisis y la comparación histórica/literaria/deportiva.

Repasando su relación con el gobierno del MAS, este arranca bien con el tema marítimo, pero muy pronto se fractura, cuando don Carlos emite críticas al gobierno no desde su casa, sino desde el propio escenario gubernamental, cometiendo una terrible falta de ética y hasta gentileza. Lo único que logró, en su ingenuidad, a más de intentar hallar un equilibrio en el ágora griega en la que al parecer cree vivir, es ubicarse en medio de las batallas políticas más intensas que vive el país en su historia, entre derechas e izquierdas, al extremo de que en la actualidad, si aceptamos su versión de que no será candidato a nada, está siendo instrumentalizado por una oposición política partidaria que lo quiere lejos de todo reflector y su rol profundiza la crisis opositora, sin candidato, proyecto, ni partido real, asumiendo a la “democracia” como un canto de sirena en el tono de “autoayuda”.

Es probable que Mesa pretenda recuperar su voz, la misma que se halla simbólicamente embargada, desde que asumió como vocero marítimo, agazapado prácticamente en dicho cargo, sufre las consecuencias del vaivén político que él mismo decidió navegar y a su vez no se cansa de defraudar a sus seguidores, que no logran comprender el grado extremo de vaguedad al que se está sometiendo, no dejan todavía de resonar en el horizonte marítimo, las palabras de Evo, cuando contaba en una conferencia de prensa que en algún momento de la fugaz e idílica relación que tuvo con el Proceso de Cambio, le pidió ser nombrado representante de Bolivia en la UNESCO, cargo que al parecer también dejó en el limbo como lo hizo con su corta y expectante carrera política.

En las redes circula un video, en el que un periodista, le pide a don Carlitos que se defina, quizás sea esta la palabra exacta que define en un solo concepto su actual posición, indefinición, puesto que no se sabe qué es exactamente. Es una posibilidad que se estén haciendo a su alrededor los cálculos políticos de rigor: desde que Mesa se presente solo con toda la oposición detrás suyo a las elecciones del 2019, pasando por conseguirle sigla política que lo avale y marche solo hasta que se esté dibujando un escenario político en el que él gane y nuevamente regrese a una espacio temporal, cuál máquina del tiempo, a un gobierno ingobernable, con los meses contados.

Se dice que en política todo es posible, nada es casual y que rara vez no hay segundas oportunidades, si asumimos que Carlos Mesa está viviendo una nueva chance, no nos queda otra que concluir que la está volviendo a rifar, ratificando que el peor mal o debilidad que tiene la oposición actual en Bolivia, son ellos mismos. Hasta aquí, mi humilde opinión.

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