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Brasil convierte en un gran lago el departamento del Beni

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Río Madera está rabioso: los problemas que vinieron con las usinas de Santo Antonio y Jirau en Brasil
América Economía

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Brasil
Las usinas van a recibir cerca de R$37MM para
construir y explotar una estructura capaz de generar más de 7 mil mega
watts, 9% de toda la energía producida en el país. Sin embargo, la
construcción ha provocado olas ingentes, erosión cuantiosa, hizo
desaparecer un monumento histórico y amenaza las tierras indígenas.


El río Madera es uno de los tres ríos con mayor concentración de sedimentos del mundo.

Mié, 02/12/2014 - 16:57

Por Ana Araña. Dos días
antes del inicio de las pruebas en la primera turbina de la
hidroeléctrica de Santo Antonio, en Rondônia, Brasil, el teléfono sonó
en la casa de la pescadora María Iêsa Reyes Lima. %u201CVa a comenzar%u201D, le
avisó el amigo que trabajaba en la construcción de la usina (instalación
industrial importante, en especial la destinada a producción de gas,
energía eléctrica). Iêsa se sentó en el patio y se puso a observar las
aguas, esperando lo que sabía que sería un cambio sin retorno. %u201CEl río
Madera tiene algo de peligroso. Y exige respeto. Los ingenieros dicen
que tienen toda la tecnología, pero nada controla la reacción de ese
río%u201D.


Semanas después, a principios de 2012, las aguas que
bañan la capital del estado, Porto Velho, comenzaron a agitarse. Las
olas crecían cada día, derrumbando las orillas y arrancando  árboles. El
dique del puerto municipal se rompió. El río llego a las viviendas,
hasta que la primera de ellas se derrumbó junto con el barranco para
dentro de las aguas.


El pronóstico de Iêsa era correcto. Lo que ella no
podía imaginar era la rapidez con que la respuesta del río a la apertura
de las compuertas alteraría el curso de su vida, de su barrio y de la
historia de Porto Velho. Las olas atacaron el barrio Triángulo, primero a
formarse en la capital. El área lleva ese nombre por ser el lugar donde
el tren de la Estrada de Ferro Madeira-Mamoré maniobraba y
desabastecía. La casa de Iêsa quedaba entre el margen del rio Madera y
las vías abandonadas, a unos siete  kilómetros de la usina.


El río se tragó también el hito Marco Rondon,
obelisco histórico más antiguo que el propio estado. El hito fue
construido en 1911 por el equipo del mariscal Cándido Mariano da Silva
Rondon, %u201Csertanista%u201D que cruzo la selva para conectar la primera línea
telegráfica a conectar la Amazonia. Cuando las olas alcanzaron el
monumento, las noticias circularon en abundancia a través de los medios
de comunicación. Pero la empresa Santo Antonio Energía, responsable por
la usina, negaba su relación con el problema. En dos semanas, las aguas
derruyeron la base del obelisco y lo arrastraron al fondo del río.
Después que fue comprobada la responsabilidad de la usina, la empresa
intentó rescatar el hito, pero sólo dos bloques fueron recuperados.


%u201CBanzeiro%u201D fue la palabra adoptada por los
habitantes de Rondonia para referirse al fenómeno. Según el diccionario
de la lengua portuguesa Houaiss, significa una %u201Cserie de olas provocadas
por el pasaje de una embarcación, y que van a romper violentamente en
la playa o en las márgenes del río%u201D. Y ahonda: %u201Ctambaleante, poco
firme%u201D, %u201Cque se siente melancólico, triste%u201D.


En la sala del apartamento alquilado por la usina,
sentada en una silla del patio entre cajas de su mudanza, Iêsa vive las
diversas definiciones de la palabra. %u201CMi historia se perdió, se perdió
todo bajo el agua%u201D, dice. Hija de un soldado del caucho, ella aprendió a
pescar con el padre y los hermanos y vivía de eso hasta inicios del
2012. Extraña los pescados frescos y la comida que cosechaba en el
patio: mandioca, frijoles, acai, carambola y mango.Por ahora, quien
aún aprovecha la sombra de sus árboles es su vecino Francisco Batista
Souza. Él vivía en la ribera del río, en el barrio Triángulo, y también
se mudó a un apartamento. Francisco pasa todo el día en el patio de
Iêsa, construyendo pequeños barcos. El terreno donde trabajaba fue
llevado por las aguas. Souza se aferra a las fotos del antiguo astillero
y pelea en la Justicia para que la usina lo indemnice por la pérdida.
%u201CTengo 59 años. Construyo barcos desde los 15. ¿Qué voy a hacer ahora de
mi vida?%u201D, pregunta.


Con el valor de la indemnización (entre R$90 mil y
R$150 mil), las 120 familias provisoriamente instaladas en hoteles y
apartamentos no podrán volver a los terrenos a la ribera del río, que
son áreas muy valoradas en Porto Velho. Ni podrán volver al barrio
Triángulo, que será removido para la construcción de un complejo
turístico y paisajístico en la ribera del río.Los habitantes más
antiguos se niegan a irse. Entre ellos está José Oliveira, que trabajó
en el ferrocarril desde 1950, cuando tenía 16 años, hasta su
desactivación, en 1972. %u201Ccuidaba del telégrafo, cortaba el pasto cuando
se enrollaba en la línea. Andaba solo por la carretera, pedaleando en un
velocípedo que encajaba en las vías. Recibí hasta flechada de indio%u201D,
recuerda. Cuando llegó a Porto Velho, la vida de la ciudad giraba en
torno del tren. Después que desactivaron la línea férrea, los durmientes
fueron usados para reforzar la base de su casa. %u201CY estoy satisfecho
aquí cerca de las vías y del río. Nadie va a tirarme dentro de la ciudad
como paso con esas familias que salieron corriendo, llorando, como si
no valieran nada%u201D.


Es difícil entender el impacto del cambio para quién
creció en la ribera del río. Iêsa se preocupa con el nieto de doce
años, que ya pasó más de un mes encerrado en el cuarto del apartamento.
Cuando le pregunté que había cambiado desde que la familia tuvo que
dejar la casa, el niño hizo un largo silencio y dijo: %u201CAfecta el
cerebro%u201D.


Las familias no olvidan la noche en que, mientras
las olas rompían, la Santo Antonio Energía, empresa que comanda la
usina, negaba su responsabilidad sobre la agitación del rio en la
televisión. Iêsa dormía con la maleta lista, al lado de la puerta de su
casa. %u201CA la noche las olas se volvían más fuertes%u201D, recuerda. %u201Cnosotros
oíamos un ruido intenso que venía de la usina%u201D.


Durante dos semanas, nadie supo que hacer. Las
familias no recibían orientación de las instancias responsables por
controlar las acciones de impacto social y ambiental de la obra:
ayuntamiento, gobierno del estado y el Instituto Brasileño del Medio
Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama). Fue necesaria
la intervención del Ministerio Público del Estado, que convoco a la
empresa para firmar un acuerdo, donde se fijó el auxilio económico a las
familias y la contención de los márgenes del río.





Alertas ignoradas. Eso sucedió
porque el fenómeno no estaba previsto por el Estudio de Impacto
Ambiental (EIA) de la obra -elaborado por Furnas y Odebrecht, empresas
responsables por Santo Antônio, y certificado por el Ibama antes de la
obtención de las licencias. Es ese estudio el que tendría que haber
apuntado los posibles daños generados por la construcción y las acciones
para contener los perjuicios.


%u201CFue un error", admite Thomaz Miazaki de Toledo,
coordinador de Infraestructura de Energía Eléctrica en el Ibama. %u201CSi
esos impactos hubieran sido previstos, las medidas preventivas habrían
sido adoptadas. Pero nosotros no tenemos la bola de cristal%u201D, afirma.


Por lo menos dos especialistas contratados por la
Santo Antonio señalaron la alta probabilidad de erosión. Esos alertas
están en laudos complementarios al Estudio de Impacto Ambiental. %u201CFueron
análisis profundos, hechos por exigencia del Ministerio Público de
Rondônia, pero después fueron olvidados durante la otorgación de
licencias%u201D, dice Roberto Smeraldi, director de la ONG Amigos da Terra.


La erosión es apuntada en esos estudios por
el biólogo José Galizia Túndisi, profesor retirado de la Universidad de
São Paulo y consultor en el área ambiental. Y describe que el fenómeno
podría ocurrir en diversos puntos del curso del rio Madera, debido al
desequilibrio por el movimiento de sedimentos.


Para entender ese proceso, es necesario saber que el
rio Madera es uno de los tres ríos con mayor concentración de
sedimentos del mundo. Pierde sólo para los que nacen en el Himalaya.
Lleva ese nombre porque, tras descender la Cordillera de los Andes, sus
aguas arrancan árboles y orillas de algunos tramos. Todos los días, esas
maderas y más de 500 mil toneladas de sedimentos se desplazan frente a
Porto Velho.





La forma en la que ese material va acomodándose a lo
largo del río es lo que da equilibrio al curso del rio. Hay tramos
donde naturalmente ocurre erosión, y la ribera del rio cede. En otros,
hay sedimentación, y aparecen formaciones como bancos de arena. El tramo
de Porto Velho era un área de sedimentación. Pero Tundisi ya alertaba
en el estudio divulgado en el 2007: cuando las usinas se construyan, los
reservorios pasarían a retener los sedimentos, y ese cambio de
equilibrio podría crear nuevas zonas de erosión, en especial en el tramo
rio abajo de la usina.


Esa es una de las tesis para explicar el problema
con el que trabaja el Ministerio Público del Estado de Rondônia
(MPE-RO). La empresa alega al ibama que el fenómeno se produce por la
fase específica de la obra. Como las turbinas no están todas
funcionando, el agua sale con más velocidad, generando olas.


%u201CRecibimos la explicación, pero creemos que no es
solamente eso. Tenemos técnicos trabajando para hacer un laudo
independiente%u201D, afirma Aluildo de Oliveira Leite, del MPE-RO. La
explicación de la usina ayuda a entender la violencia de las olas en
Porto Velho. Pero el Ministerio Público ya registró el fenómeno en al
menos dos comunidades más, que están a 150  y 200 kilómetros rio abajo
de la capital.Un precedente preocupante es el caso de la usina
hidroeléctrica de Aswam, en Egipto. Aunque menos caudaloso que el
Madera, el río Nilo también es rico en sedimentos. La concentración de
nutrientes en sus aguas abastecía al Delta del Nilo, célebre por su
abundancia en medio del desierto. Con la represa, concluida en 1970,
erosiones tragaron pueblos enteros y alteraron la morfología del Delta,
donde hoy la cosecha depende de fertilizantes.


Sólo con un diagnóstico completo será posible fijar
acciones de prevención en el río Madera. Lo que también depende de la
buena fe de la empresa. Tras los accidentes en el barrio Triángulo, La
Santo Antônio fue obligada a construir un paredón de siete kilómetros de
piedras para contener las olas. %u201CAhora se están comenzando a
desbarrancar otros tramos inmediatamente tras esa franja. Y la empresa
no lo reconoce, dice que no hay nexo causal%u201D, afirma la fiscal Renata
Ribeiro Baptista, que sigue el caso representado al Ministerio Público
Federal.


%u201CAgua negra como café%u201D. Mientras
las olas alteran el curso del rio Madera rio abajo de la usina, quien
vive antes de la represa tuvo la vida transformada por otro
desequilibrio: la muerte de los peces.


Ya estaba previsto que la cantidad de peces
disminuyera. Pero todos los pescadores están de acuerdo en que la
cantidad cayó drásticamente. En los puntos más próximos de la usina, los
relatos dicen que sólo es posible pescar la cantidad suficiente para
comer,  y ya no para vender.





Previendo los problemas que surgirían con el
funcionamiento de la represa, un grupo de 30  pescadores de Jaci Paraná,
distrito ubicado a 90 kilómetros de Porto Velho, se organizó y armo un
proyecto de cría de tambaquis, antes de que la escasez se consumara.
Hicieron todo de forma correcta: ganaron un proyecto de la Petrobras y
armaron una estructura con 26 tanques dentro del lago Madalena, que
queda en el río Jaci Paraná, donde pasaron a criar  más de 35 mil peces.


Después de dos años, cuando los tambaquis estaban
casi listos para la venta, la usina Santo Antonio comenzó a inundar las
márgenes del río para la creación de los reservorios. En octubre de
2011, los pescadores observaron la subida del nivel del lago con
preocupación, redoblando el monitoreo de la cría. En diciembre de aquel
año, José dos Santos, pescador y coordinador de campo del proyecto,
recibió una llamada del pescador que estaba de guardia: algunos peces
estaban muriendo. %u201CCorrí para allá y vi que el agua estaba diferente,
negra como el café%u201D, recuerda. %u201CNo nos dio tiempo de nada, esa misma
noche estaban todos los peces muertos, flotando. Fue desesperante%u201D.El
grupo buscó a la Santo Antonio Energía, empresa responsable por la
usina. %u201CY nos dijeron que los peces murieron de hambre?%u201D, dice José, con
una sonrisa nerviosa. %u201Cnosotros luchando cinco años, llenos de ración
guardada, ¿íbamos a dejar a los bichos con hambre?%u201D.


Frente a la sede del proyecto, José señala los
centenares de árboles secos dentro del lago. Eran parte de la vegetación
de la varzea, que sobrevive dentro del agua algunos meses por año, en
la época de llena, pero no resistió la inundación definitiva. En la
vuelta para Jaci, nos cruzamos incluso con centenares de troncos de
árboles abandonados en la ribera del río, todos con el sello de la Fox
-empresa que hace la deforestación para las usinas. Según los
pescadores, gran parte de la vegetación derrumbada por la usina no fue
retirada del local antes de la inundación y quedo dentro del agua. Ellos
creen que ésa es la causa de la muerte de los peces: la descomposición
de la vegetación inundada.


La hipótesis tiene sentido para el biólogo Philip
Fearnside, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones de la
Amazonia (Inpa). %u201CEn los informes ambientales, las usinas indican la
vegetación de várzea como parte del lecho del río. Pero, si usted llena
esas áreas y deja todo inundado el año entero, los árboles se van
descomponer, las hojas se van a pudrir y liberar CO2%u201D, afirma.


Auxiliados por la ONG Instituto Madeira Vivo, que
ayudó a coordinar el proyecto de piscicultura, el grupo recogió muestras
del agua y de los peces muertos y los envió para análisis de la
Universidad Federal de Rondonia. Según Iremar Antonio Ferreira, director
del Instituto, el análisis señalo ausencia de oxígeno en el agua.
%u201Cpresentamos una demanda en la Justicia%u201D, dice. %u201CQueremos negociar con
la empresa, retomar inmediatamente el proyecto. Pero la Santo Antonio
Energía dice que no va a hacer un acuerdo%u201D. Mientras la demanda
continua, José se quedó sin renta. La solución fue trabajar de guardia
de seguridad de Jirau, la otra usina hidroeléctrica que está siendo
construida en la región, río arriba.





La falta de control de la calidad del agua por la
usina Santo Antonio ya había sido detectada a fines del 2008, cuando el
olor de peces muertos llegó a la capital. El Ibama estimó 11 toneladas,
pero miembros del equipo de fiscalización creen que había más. Las
muertes sucedían en un tramo próximo a la obra hacia cinco días y,
cuando los fiscales llegaron, empleados de la usina ya estaban
enterrando los peces.


La usina fue multada en R$7,7 millones. El informe
del Ibama apunta que la empresa actuó con negligencia e imprudencia, por
qué no monitoreaba la calidad del agua todos los días y no había equipo
calificado en el local. La empresa fue reprendida por no haber avisado
el Ibama sobre el accidente, no haber hecho la pericia de la causa de la
muerte de los peces y por haber usado baldes inadecuados para
transportar los peces aún vivos, que llegaron muertos al local de
soltura.


Vidas en tráfico. La llegada de las
usinas cambió también radicalmente la vida de muchas mujeres de la
región. %u201CCuando llegué aquí, estaba triste, lloraba toda la noche. Ese
polvo, las calles sin asfalto. Yo trabajaba lavando platos, no recuerdo
como fue la primera vez. Él era extraño, llevó cocaína para aspirar en
el cuarto, quería besarme en la boca, tener sexo de nuevo. Después
lloré. Si fuera en mi ciudad, iba a tener vergüenza, asco. Aquí es
normal, casi todas las niñas hacen. Yo cambié, ya no soy la misma
mujer%u201D.





Michele (nombre ficticio) tiene 20 años. Dejó su
ciudad natal, en Pará, y desembarcó en la villa de Jaci Paraná, distrito
de Porto Velho, Rondônia. Encontró trabajo y vivienda en un %u201Cbrega%u201D,
nombre local para burdel, donde comenzó ayudando en la limpieza. En dos
semanas se estaba prostituyendo, como %u201Ccasi todas las niñas%u201D.


Es imposible andar por las calles de Jaci y no
toparse con un burdel. Son bares abiertos, a veces con mesas de plástico
esparcidas por la calzada. A La noche, la música suena al máximo
volumen. Durante el día, las mujeres que los frecuentan andan por la
villa de shorts cortos y barriga afuera.


Ellas están en Jaci para brindar servicios a los
miles de hombres que entran y salen de la villa en turnos, a las 7 y a
las 17 horas. Son los horarios de entrada y salida de la construcción de
la usina hidroeléctrica de Jirau, una de las mayores obras del Programa
de Aceleración del Crecimiento (PAC) en curso en el país. La villa de
Jaci es el núcleo urbano más próximo, a 20 kilómetros.


La obra llegó a tener 25 mil operarios en su pico,
más que el doble de lo previsto en el plan inicial. Algunos trabajadores
se instalaron en la villa, otros pasan los días de descanso allá. El
Ministerio Público de Rondônia estima que la villa paso de 4 mil a cerca
de 16 mil habitantes desde 2009, cuando la usina de Jirau comenzó a ser
construida. Los trabajadores tienen acentos del Norte, Nordeste, Sur y
Centro-Oeste de Brasil. Algunos aún no dominan el portugués, como los
haitianos y bolivianos. %u201CAlgunos sólo quieren divertirse, otros están
tristes. Dicen que traicionan a sus mujeres por necesidad, pero que no
les gusta%u201D, dice Michele. La mayor parte de los trabajadores viajaron
solos. Están de tres meses a un año sin volver a casa. %u201CY el trabajo es
pesado.


Cuando acaba, ellos quieren divertirse, beber%u201D, dice
Michele. Por eso, hay 68 puntos de prostitución en Jaci. Para ella, los
peores momentos del oficio son cuando el cliente esta agresivo tras
exagerar en la bebida o en la cocaína, que circula en abundancia por los
burdeles. O cuando quieren para pasar la noche. %u201CDios me libre de
dormir abrazados como si fuéramos marido y mujer%u201D, dice.


La villa de pescadores se convirtió en un lugar de
pasaje. Las personas están en busca de dinero, no de vínculos. Hay una
tensión constante en el aire. La sexualidad pulsa de las ropas cortas,
que a veces exponen las partes íntimas de las mujeres a la luz del día.
Son comunes las historias de peleas dentro de los burdeles. Ellas
ocurren entre los trabajadores o entre las prostitutas -hay una
creciente tensión entre las brasileñas y la leva de bolivianas. Muchas
terminan en cuchilladas, algunas en muerte.


Los proyectos. Las usinas de Jirau y
Santo Antonio, juntas, van a recibir cerca de R$37 mil millones para
construir y explotar una estructura capaz de generar más de 7 mil mega
watts -equivalente a 9% de toda la energía producida en el país. La
potencia máxima de Jirau será de 3.750 mega watts, y la de Santo
Antonio, 3.570. Una vez concluidas las obras, lo que se prevé para 2016,
las empresas tendrán el derecho de explotar la concesión por 35 años.


Santo Antonio y Jirau son la segunda y la tercera
mayores usinas hidroeléctricas en construcción en Brasil -sólo Belo
Monte, en Altamira (PA) es mayor que ellas. La previsión inicial de las
usinas era remover 2.849 personas para la inundación de la represa.
Pero, según el Movimiento del Atingidos por Barragens ( damnificados por
represas), 4.325 personas ya fueron removidas o tuvieron la tierra
donde viven parcialmente inundada.


Según la información dada por las usinas, el área
inundada para hacer los dos reservorios correspondería a 230 km². Pero,
según el biólogo Philip Fearnside, investigador del Instituto Nacional
de Investigaciones de la Amazonia (Inpa), la extensión  real de la
inundación, incluyendo la floresta de la várzea, puede ser el doble de
eso: 529 km².


La construcción de las usinas tendrá impactos
directos e indirectos sobre cinco tierras indígenas, y los reservorios
(área inundada) alcanzarán partes de seis unidades de reserva ambiental,
incluyendo un parque nacional y una reserva extractivista.


A lo largo de un mes, estuve en contacto con la
Santo Antonio Energía y la Energía Sustentable del Brasil, constructora
de Jirau, con solicitudes para visitar las usinas y entrevistar a los
responsables sobre los aspectos ambientales y sociales de las obras. Los
emprendimientos no autorizaron nuestra entrada y alegaron falta de
agenda para conceder entrevistas.

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