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Las batallas de la coca

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Recuerdos del presente

La batalla de Caranavi

Humberto Vacaflor Ganam

El monopolio casi total que tiene el gobierno en el control de los medios de comunicación (un diario tarijeño es su última compra) hace difícil enterarse de los conflictos que vive ahora el país.
El sistema masista de comunicación (SIMCOM) informa, con algarabía, sólo de los felices desenlaces a los que llega el gobierno con los sectores que no están contentos.
Son acuerdos con todos los dirigentes o con algunos de ellos. Como en los tiempos del MNR, ahora hay una COB que por momentos actúa como COBUR, el engendro creado entonces para traicionar a aquella. Los gobiernos pasan, los farsantes quedan.
En Caranavi se ha dado una batalla muy dura. A diez días de la ocupación militar de esa población, hay dos muertos, veintitantos heridos, otros desaparecidos, muchos refugiados en la selva y algunos en el Perú.
Nuestro estadista se dio unos minutos para atender cuestiones nacionales, aprovechando que estaba de paso por el país, y se hizo Salomón: no será una planta de cítricos, sino dos. Y punto. Ahora me voy a Roma.
El SIMCOM no tiene tiempo ni espacios para informar de lo que pasó en Caranavi. Sólo reproduce las explicaciones del comandante de la Policía, que acusa a los caranaveños de haber asesinado a dos de sus jóvenes sólo para perjudicar al gobierno.
Mi colega Iván Arias, migrante como yo, ensayó un análisis diferente y dijo que lo de Caranavi responde a los celos entre cocaleros yungueños que, a su vez, sienten celos por los privilegios de los cocaleros del Chapare. Muchos detalles encajan en ese análisis.
Pero luego se produjeron hechos de los que el SIMCOM informó de manera aislada. Los colonizadores de San Julián y Yapacaní, dos bastiones del masismo en la geografía cruceña, estaban apoyando a sus compañeros de Caranavi.
Aquí es preciso hacer una aclaración. Hay colonizadores que operan como punta de lanza de cocaleros y hay colonizadores que van en busca de tierras para trabajar en actividades legales. Estos detestan a los cocaleros. Los acusan de destruir la tierra donde trabajan y estar siempre en busca de nuevas áreas para desertizar.
Es tan grande la bronca de los colonizadores, que uno de los dirigentes de San Julián llegó a decir casi una blasfemia: “Que se vaya Evo Morales”. No ha sido identificado todavía.
Y está el tercer frente. Los originarios de Alto Beni incluso se oponen a los colonizadores, además de que odian a los cocaleros.
Son todos los originarios de las tierras bajas los que comenzarán una marcha desde Riberalta hasta La Paz para reclamar al gobierno de Morales por las violaciones a la ecología. Es decir, a la Pachamama.
La batalla de Caranavi no ha terminado. Sólo ha sido una alarma. Distraer y desinformar quizá sea algo beneficioso, por el momento. El SIMCOM no ha de poder resolverlo todo. Hay que actuar en la realidad y no sólo en su reflejo.
El predominio de la política cocalera en el país podría causar peores pesadillas. Ni el SIMCOM ni las plantas de cítricos ayudarán en nada.

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