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Balance de tres años

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Recuerdos del presente

El reino de lo ilegal

Humberto Vacaflor

Los tres años de gestión del presidente Evo Morales han sido afectados por traumáticos balances anuales que perjudican la visión de todo el panorama. Esos balances fueron los que presentaron, fuera de programa, dos hombres del proyecto masista: Alex Contreras y el general César López, el primero resumiendo los dos primeros años de gestión y el segundo resumiendo los tres años. Aquel predecía la llegada de la corrupción a la gestión del MAS y éste lo confirmaba.
Que la corrupción haya vuelto a ganar una batalla no es algo que merezca convertirse en un balance en el país. Al fin y al cabo la corrupción tiene muchas batallas ganadas en el pasado, incluso a rivales más fieros que los actuales.
Pero podría servir de hilo conductor de un ensayo de balance.
El presidente Morales es el dirigente sindical de los cocaleros ilegales del Chapare. Los bolivianos, amantes de los eufemismos, no usamos la palabra ilegal en este caso y preferimos llamar “excedentarios” a esos cocales, porque exceden a lo permitido por las leyes del país. Ese detalle es importante para entender lo que es el gobierno.
Al líder de los cocaleros ilegales no le molesta llegar a acuerdos con los contrabandistas, otros ilegales. Sin aludir al caso de Pando, hay que recordar que el gobierno dejó en suspenso la prohibición de importar ropa usada sólo porque estaba llegando un referéndum, en agosto pasado. Debido a las frecuentes consultas populares que están en programa, la prohibición ha quedado como una medida que no necesita ser aplicada al pie de la letra por la aduana, porque afectaría a unos 300.000 comerciantes-votantes. Los industriales que protestan contra esa política son mucho menos.
Del mismo modo, la prohibición de las actividades del contrabando de exportación de combustibles es una medida que quedó en suspenso luego de que el gobierno se enteró de que esa actividad ilegal era la única fuente de ingreso de los habitantes de más de diez poblaciones del altiplano paceño, fronterizas con Perú. El razonamiento es que el contrabando es una actividad ilegal, pero es el único ingreso de mucha gente. Similar razonamiento al que defendía Morales en el Chapare, cuando decía que los cocaleros iban a cambiar de cultivo sólo cuando el gobierno les abra mercados para lo que vayan a producir. Soy ilegal porque el gobierno no me ayuda a legalizarme.
A principios de diciembre se reveló un detalle muy curioso, cuando los trabajadores de la mina Huanuni fueron a tomar por la fuerza la fundición de Vinto porque querían cobrar unas cuentas pendientes entre esas dos empresas estatales. La explicación ingenua que se dio de este hecho fue que los trabajadores querían ayudar a la empresa Hunauni para que ella, con lo que cobre, les pueda pagar los salarios devengados. Pero la lectura cínica del hecho dijo que, en realidad, Huanuni se ha convertido en el primer caso de una co-gestion entre el Estado y los ladrones de mineral. La empresa habría llegado a un acuerdo con los 4.700 obreros para que trabajen, con una mano, por así decirlo, para la empresa, y con la otra para ellos mismos. Comibol y “jucus”, unidos en inverosímil sociedad.
Dejo para el sufrido lector, y porque soy muy comedido, el trabajo de completar la lista de las conexiones del gobierno con actividades ilegales. Pero sin exagerar.

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