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Academia de la lengua: reglas para el mundo digital

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El manual de estilo de la RAE

rechaza el lenguaje inclusivo

Ni “todes” ni “todas y todos”

 

La Real Academia Española presentó un manual de uso especialmente dirigido a los escritores y usuarios digitales, con normas para el empleo de los emoticones y la inclusión de términos como “yutubero”. Pero insiste en rechazar el lenguaje no sexista.
 

El manual de la RAE para la comunicación digital no refleja el uso del lenguaje inclusivo por los más jóvenes. 
La Real Academia Española editó su primer manual de estilo, en el que incorpora nuevos términos y aclara el uso de otros de acuerdo con la correcta utilización de la “norma panhispánica”. La novedad es que el texto fue pensado para los escritores digitales y por eso incluye términos como “yutubero”, “wasap”, “tuit” y hasta cómo deben usarse los emoticones. La RAE además sentó explícitamente su posición con respecto al lenguaje inclusivo: rechazó de cuajo el uso desdoblado, por ejemplo “todos y todas” y la incorporación de las variantes en e, x y @.

“Si la lengua es dinámica y evoluciona con sus hablantes, este libro lo que pretende es ocuparse de las dudas que surgen diariamente más que ofrecer tratados completos”, señalaron en la presentación. El libro, de 504 páginas, fue pensado para los “escritores digitales” y un público no académico, remarcó el director honorario de la RAE, Víctor García de la Concha.

Entre las incorporaciones, el compendio aprueba la abreviatura “tqm” para decir “te quiero mucho” y propone rectificar una palabra mal escrita con un asterisco a continuación (“¿Bamos a comer? *vamos”). También incluye la posibilidad de repetir los signos de admiración al principio y al final de la palabra cuando se quiere remarcar mucho algo, por ejemplo: ¡¡¡Hola!!!. Lo importante es usar la misma cantidad al abrir y al cerrar la exclamación.

En cuanto a los emoticones, sugiere escribirlos sin una coma de por medio pero sí tras un espacio de separación de la última palabra y con un punto después del símbolo si es que está al final de la oración. En esta edición la Academia agregó también un glosario con recomendaciones sobre cómo escribir los términos que suelen usarse en el mundo digital. Se recomienda usar “yutubero” en vez de youtuber, “wasap” en vez de whatsapp, “tuit” y “jáquer” y no hacker (tal vez la menos intuitiva y más artificial de las recomendaciones).

Con respecto a la búsqueda de un lenguaje inclusivo, una de las reivindicaciones del movimiento de mujeres, la RAE insistió con el uso del masculino como genérico y descartó cualquier modificación en este sentido. Incluso desaconsejó el uso de “todas y todos”. “No hace falta forzar para duplicar, no hablamos así”, sostuvieron los responsables del manual de estilo. Aquí habría que recordarles a los académicos que para muchos jóvenes y adolescentes, el lenguaje inclusivo en todas sus variantes, y sobre todo la forma en “e”, es perfectamente natural. No vacilaron en referirse a “les diputades indecises” en sus ponencias por la legalización del aborto o cuando luchaban por la educación pública. Es tal vez el aspecto lingüístico en el que más se nota la brecha etaria.

“En español, el género masculino, por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos. No hay razón para pensar que el género masculino excluya a las mujeres en tales situaciones”, sostuvo De la Concha. Sobre esto, el actual presidente de la Academia, Darío Villanueva, remarcó que no es necesaria una mayor igualdad lingüística entre mujeres y hombres. “El problema es confundir la gramática con el machismo”, sostuvo.

Consultada por este diario, la académica Alicia María Zorrilla, presidenta de la Fundación Litterae, se mostró de acuerdo con sus pares peninsulares: “Parto de la base de que no se puede deformar una lengua en pos de una ideología. Nuestra obligación es hablar y escribir bien el idioma, no deformarlo. En los más de mil años que tiene el español, las marcas morfológicas de género fueron la ‘o’ para el masculino y la ‘a’ para el feminino. La ‘e’ no indica ningún género, por eso son inadmisibles formas como ‘todes’. En español, no hay forma de marcar gramaticalmente un género ‘no binario’. Y ni qué decir de formas como ‘todxs’ o ‘tod@s’, que hasta son impronunciables”. 

Y explicó cómo resuelve algunas situaciones: “En lugar de desdoblar y hablar de ‘ciudadanos’ y ‘ciudadanas’, se puede optar por ‘la ciudadanía’, ‘personas’ en lugar de ‘todos y todas’, que es redundante y hace menos ágil el discurso. Hay que apelar al sentido común, a la sensatez. En España están muy aceptadas formas como ‘la juez’, ‘la médico’. En América las formas más usuales son ‘jueza’, ‘médica’, ‘ministra’. Yo acepto y defiendo formas como ‘presidenta’, porque me parece importante que quede bien claro el género de ‘la persona que preside’”.

En un contexto mundial de lucha contra el sexismo y la discriminación hacia la mujer, no es casual que el primer capítulo, Cuestiones gramaticales, se abra con el asunto de los géneros gramaticales. En una etapa de reivindicaciones feministas sobre los usos de la lengua, García de la Concha mencionó la influencia de las universidades de Estados Unidos en referirse como “género” (gender) a lo que en español llamamos “sexo”, que “es una condición orgánica que tiene poco que ver con el género”. Rechaza ejemplos como “los españoles y las españolas”, tan de uso en políticos. “No hace falta forzar para duplicar, no hablamos así”.

En otro apartado, la RAE insiste: “La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos”.

Este manual es un libro de estilo que “tiene poco que ver” con los que de título idéntico publicaron algunos medios de comunicación. “Esas son obras de uso interno, para lograr una personalidad, fijar principios éticos y normas de redacción”, agregó García de la Concha. Mientras que en este caso se trata de resolver “las dudas por los continuos cambios de una lengua tan viva”, que hablan unos 570 millones de personas. El que fue director de la RAE entre 1998 y 2010 apuntó que la edición web del Diccionario “recibe 65 millones de consultas mensuales”.

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